En un artículo anterior hablé de Félix Fabri y de las peregrinaciones imaginales, es decir de la capacidad de la mente para realizar un viaje espiritual transformador sin necesidad de desplazamiento físico.
Esta facultad, lejos de ser una simple fantasía, es una apelación a la “vera imaginatio” —la verdadera imaginación de Paracelso— que actúa como un puente entre lo visible y lo invisible.
Carl Gustav Jung decía que “algo es real cuando me afecta”, lo que significa que la realidad no se define solo por su materialidad, sino por su capacidad de producir una experiencia significativa en la conciencia. Desde esta visión, un ejercicio imaginal bien ejecutado puede realmente removedor.
Desde la perspectiva moderna de la neurociencia, sabemos que la imaginación involucra redes neuronales similares a las de la percepción real. Estudios de neuroimagen muestran que al imaginar acciones o escenas se activan las mismas regiones cerebrales que si estuvieran ocurriendo realmente. De hecho, cuando una persona visualiza imágenes internas potentes (como en los ejercicios espirituales de San Ignacio de Loyola), se estimulan simultáneamente áreas emocionales, de memoria y sensoriales del cerebro.
Asimismo, las técnicas imaginales y de visualización se utilizan en varios campos creativos y de rendimiento. Por ejemplo, muchos pintores visualizan el cuadro en su imaginación antes de tocar el lienzo, incluso músicos “escuchan” mentalmente una melodía antes de componerla.
En deportes también se usa la visualización: un atleta puede visualizar su carrera perfecta o el salto ideal repetidamente en su mente, lo que mejora su coordinación y confianza al ejecutarlo luego en la realidad.
Muchos atletas de élite recurren al repase mental de sus movimientos antes de la ejecución para mejorar el desempeño.
Un buen ejemplo de esto es el nadador Michael Phelps, ganador de 23 medallas de oro en los Juegos Olímpicos a lo largo de su carrera -un récord absoluto, nadie más ha ganado más medallas- decía Michael Phelps siempre ha admitido que antes de cada competencia realizaba un “ensayo mental” completo de la prueba, visualizando desde la salida hasta la llegada, incluyendo posibles errores y la manera correcta de resolverlos.
Tanto Phelps como su entrenador han explicado en diversas entrevistas el papel fundamental de la visualización en el éxito del nadador. Phelps comenzó a practicar la visualización a los 14 años para asegurarse de estar completamente relajado antes de las competiciones y luego dio un paso más, “nadando” sin agua, es decir preparándose para las pruebas antes de llegar a la pileta.
Según comenta el nadador, la clave para una visualización efectiva es que sea vívida y ensayada muchas veces. Esto se debe a que el cerebro, como ya dije antes, no distingue entre una visualización vívida y la realidad. En palabras de Jung, y perdonen la reiteración: “algo es real cuando me afecta”. Entonces, cuando Phelps subía al bloque de salida para una carrera importante, ya la había «nadado» cientos de veces en su mente, permitiendo que su cuerpo actuara en «piloto automático».
Los Chicago Bulls, el equipo de la NBA más exitoso de la década de los 90, también utilizaba técnicas similares. Bajo la conducción del entrenador Phil Jackson, los Bulls incorporaron de manera sistemática prácticas de visualización, concentración y trabajo mental como parte del entrenamiento habitual.
Jackson, que estaba influido por el budismo zen y las técnicas de atención plena, entendía que el rendimiento máximo no dependía solo del cuerpo, sino de la claridad mental y la presencia. Los jugadores ensayaban mentalmente jugadas, movimientos y situaciones de presión antes de ejecutarlas en la cancha.
El propio Michael Jordan habla de esta preparación mental y de qué manera Phil Jackson enseñaba a los jugadores -a través de técnicas antiguas- a visualizar posibles escenarios de juego, e incluso se imaginaban tirando, defendiendo, sintiendo a la multitud en las gradas, en otras palabras: una forma de entrenamiento imaginal.
En los Lakers, Phil Jackson encontró en Kobe Bryant un aliado perfecto para estas prácticas y, a raíz de esta influencia, Kobe adoptó el hábito de meditar y visualizar diariamente.
Dije antes que Michael Phelps tenía el record absoluto de medallas de oro ganadas en los juegos olímpicos. Pues bien, Phil Jackosn tiene el record de anillos de la NBA como entrenador, habiendo ganado 11 campeonatos, 6 con los Chicago Bulls y 5 con Los Angeles Lakers.
Otro ejemplo muy interesante es el de los Blue Angels, el escuadrón de demostración aérea de la Marina de los Estados Unidos, que -como parte de su entrenamiento- «vuelan desde la silla», simulando mentalmente y verbalmente las maniobras que realizarán en el aire, como si ya estuvieran volando. Esta práctica de visualización les permite repasar la secuencia completa del vuelo, anticipar y reaccionar a las condiciones, y sincronizarse como equipo antes de subir a los aviones.
Los estudios recientes de las neurociencias y las prácticas concretas como las de Michael Phelps, los Chicago Bulls o los Blue Angels confirman, entonces, un conocimiento antiguo: la imaginación dirigida no es evasión, sino preparación, experimentación y la posibilidad de vivir anticipadamente una realidad en el plano interior para integrarla luego de manera más consciente en la experiencia exterior.
En este marco, las peregrinaciones imaginales descritas por Félix Fabri o los ejercicios espirituales de San Ignacio pueden entenderse como verdaderos métodos de revolucionarios para el entrenamiento de la conciencia.



